La muerte de Yohana Escudero, ocurrida en Villa Mercedes, abrió un escenario cargado de dudas, silencios y versiones enfrentadas. Lo que en un primer momento fue presentado como un suicidio, hoy está bajo revisión judicial, impulsado por el reclamo de una familia que niega esa hipótesis y exige que se investigue un posible contexto de violencia de género.

El lunes por la tarde, efectivos de la Comisaría 10°, bajo las directivas de la fiscal de Instrucción N°5, Gisela Milstein, intervinieron en una vivienda del barrio 100 Viviendas. En ese momento, para los investigadores, el cuadro parecía claro. Todo indicaba que Yohana Escudero se había quitado la vida mediante ahorcamiento.

Durante la noche, la autopsia reforzó esa primera lectura. Según fuentes vinculadas a la causa, el cuerpo no presentaba lesiones traumáticas visibles más allá de la marca del ahorcamiento. Con ese informe preliminar, la Fiscalía ordenó la entrega del cuerpo a la familia.

Sin embargo, esa certeza inicial comenzó a resquebrajarse casi de inmediato. Los familiares de Yohana Escudero sostienen que la escena no coincide con un suicidio. Aseguran que vecinos que intentaron auxiliarla observaron golpes y moretones en brazos y cabeza, marcas que, según denuncian, no fueron reconocidas oficialmente.

La muerte de Yohana Escudero tuvo un componente que agravó aún más el drama. Quien encontró el cuerpo fue su hija de cinco años. Luego, su hermano de 14. Ambos niños salieron a pedir ayuda, sin comprender lo que estaba ocurriendo dentro de su casa.

Vecinos acudieron al lugar tras escuchar los gritos. Fueron ellos quienes bajaron el cuerpo del ventiluz del baño e intentaron maniobras de reanimación. No hubo resultado. Yohana ya había fallecido.

La familia afirma que nunca pudo ingresar a la vivienda. Denuncian que ni la madre ni los hermanos tuvieron permitido el acceso al lugar del hecho. Esa situación alimentó aún más la desconfianza y la sospecha.

En paralelo, otra información comenzó a tomar peso. Los familiares aseguran que Yohana vivía bajo amenazas constantes de su pareja, con quien convivió durante 18 años y es padre de sus dos hijos. Según relatan, ella quería separarse, pero él no se lo permitía.

Las amenazas, sostienen, no eran vagas ni aisladas. Incluían advertencias directas de muerte hacia ella y hacia los niños. En ese contexto, la familia descarta de plano la posibilidad de un suicidio.

Además, ponen en duda la viabilidad física de la escena. Aseguran que el ventiluz del baño se encuentra a una altura considerable y que no había escaleras ni elementos que permitieran alcanzarlo con facilidad.

La muerte de Yohana Escudero también expuso un entramado previo de violencia que, según sus hermanos, fue silenciado durante años. Relatan episodios de agresiones físicas pasadas y un control permanente sobre su vida cotidiana.

Uno de los elementos que más impacto generó fue la difusión de un audio de WhatsApp atribuido a la pareja de Yohana. En ese mensaje, un hombre profiere amenazas explícitas, insultos y advertencias violentas. La respuesta de una voz femenina es breve y contundente: “Me tenés podrida”.

Ese audio comenzó a circular rápidamente en Villa Mercedes y reforzó el reclamo de la familia. Para ellos, es una prueba del contexto de hostigamiento y miedo en el que vivía Yohana.

Frente a este escenario, la Justicia decidió dar un giro. Este martes, la Fiscalía incorporó a la investigación a la Fiscalía de Género, Diversidad Sexual, Niñez y Adultos Mayores, a cargo de Nayla Cabrera Muñoz. La decisión no es menor y marca un cambio en el enfoque del caso.

Desde el Poder Judicial informaron que ambas fiscalías recibieron a los familiares y que se aguarda el informe médico forense completo. También se sumaron las declaraciones de vecinos que estuvieron en el lugar.

El ingreso de la Fiscalía de Género sugiere que ahora se buscará determinar si existían antecedentes de violencia, denuncias previas o situaciones de riesgo no judicializadas. Es un punto clave para reconstruir las últimas horas de Yohana Escudero.

Mientras tanto, la familia sigue reclamando respuestas. Denuncian trato desigual en el procedimiento policial y cuestionan que personas vinculadas a la pareja hayan tenido acceso a la vivienda cuando ellos no.

La muerte de Yohana Escudero dejó al descubierto una pregunta que aún no tiene respuesta definitiva. ¿Fue un suicidio o el desenlace de una relación atravesada por violencia, amenazas y control?

Hoy, la causa sigue abierta. La presión social crece. Y el reclamo es claro: que se investigue hasta el final y sin atajos.

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