La agenda del Gobierno tras la reforma laboral no se detiene. En la Casa Rosada el clima es de impulso político. La media sanción en Diputados no solo representó una victoria legislativa; también funcionó como señal interna: el Congreso dejó de ser un territorio hostil para convertirse en un espacio de negociación posible.
En el oficialismo sostienen que el escenario cambió. La combinación de acuerdos con bloques aliados y el respaldo electoral de octubre consolidó una percepción que se repite en los pasillos libertarios: hay margen para avanzar con reformas “estructurales”.
La palabra no es casual. Es el corazón del discurso de gestión.
Impuestos y reforma tributaria: el próximo frente
Si hay un eje que concentra expectativas es la reforma tributaria. El Gobierno busca ordenar el esquema impositivo y profundizar la baja de tributos, una promesa central de campaña.
En el bloque de diputados de La Libertad Avanza confían en que el contexto político habilita una discusión que otros gobiernos evitaron o postergaron. El argumento es simple: si se logró avanzar con la reforma laboral, ¿por qué no abrir el debate fiscal?
La apuesta es ambiciosa. Reducir impuestos en un país con alta presión fiscal y cuentas públicas ajustadas implica equilibrio fino. Gobernadores dialoguistas ya empezaron a hacer números. Las provincias dependen en gran medida de la coparticipación, y cualquier modificación en la estructura tributaria repercute de inmediato en sus arcas.
Ahí estará el primer test real de la nueva etapa.
Eliminación de las PASO: un objetivo político
Otro punto que integra la agenda del Gobierno tras la reforma laboral es la eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias. Para el oficialismo, el sistema actual es costoso e innecesario. En privado lo definen como una instancia que distorsiona el calendario electoral y desgasta recursos.
Impulsar una ley que derogue las PASO requerirá acuerdos amplios. No es una reforma menor. Toca el corazón del sistema político.
Sin embargo, en la Casa Rosada consideran que el clima parlamentario es más favorable que hace un año. La lectura es clara: hay gobernadores que priorizan la gobernabilidad y están dispuestos a negociar.
Banco Central y créditos en dólares
En paralelo, el Ejecutivo analiza modificaciones normativas que permitan a los bancos otorgar créditos en dólares a personas y empresas que no generan divisas directamente. La idea aún está en estudio, pero responde a una lógica coherente con el modelo económico libertario: mayor flexibilidad financiera y menor intervención estatal.
El antecedente de la crisis de 2002 aparece como advertencia inevitable. Por eso el Ministerio de Economía trabaja con cautela. Nadie quiere repetir errores del pasado.
Lo que queda en pausa
No todo avanza al mismo ritmo. La reforma previsional, que en otro momento se mencionó como posibilidad concreta, quedó fuera del radar inmediato. El motivo es pragmático: con altos niveles de informalidad laboral, modificar el sistema jubilatorio sin ampliar la base de aportantes sería inviable.
Primero empleo formal. Después jubilaciones. Esa es la secuencia que repiten cerca de Javier Milei.
En cambio, aparecen en carpeta la nueva ley de Financiamiento Universitario, el Régimen Penal Juvenil y otros proyectos vinculados al esquema productivo y comercial, incluido el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur.
Un oficialismo en modo ofensiva
Hay una frase que resume el momento político en Balcarce 50: “No hay oposición”. Más que una descripción objetiva, es una definición estratégica. El oficialismo percibe fragmentación en el kirchnerismo y dispersión en los bloques tradicionales.
Esa percepción alimenta la ofensiva.
El Gobierno entiende que el capital político es finito. Y que las reformas profundas requieren decisión y velocidad. La reforma laboral fue el primer paso de esta nueva etapa. La discusión impositiva y la eliminación de las PASO pueden ser los próximos hitos.
El desafío no será solo legislativo. Será también social. Cada reforma estructural redistribuye poder, recursos e incentivos. Y en Argentina, eso nunca pasa desapercibido.
La agenda está trazada. Ahora empieza la negociación fina.

