El Boleto Educativo Interurbano cerró 2025 con un balance que va más allá de los números y se instala en el terreno de las políticas públicas con impacto real. En un contexto donde el costo del transporte suele ser una barrera silenciosa, el programa garantizó la movilidad de 1.549 estudiantes en toda la provincia, asegurando que la distancia no se transforme en abandono escolar.
Con el regreso a clases en el horizonte, la Secretaría de Transporte presentó un informe positivo sobre la implementación del BEI durante el último ciclo lectivo. El dato central es contundente: el beneficio alcanzó un 61% de la proyección inicial, que estimaba cubrir a 2.539 estudiantes. No se trata de una cifra menor si se observa el mapa territorial y la diversidad de realidades que atraviesan las familias sanluiseñas.
El programa cubre el 100% del costo de dos pasajes diarios interurbanos, de lunes a viernes, durante el ciclo lectivo. Ese detalle técnico se traduce en algo concreto: miles de viajes asegurados para estudiantes que viven lejos de sus escuelas o universidades y que, sin este apoyo, verían condicionada su continuidad educativa.
Boleto Educativo Interurbano como política de acceso
El Boleto Educativo Interurbano fue pensado como una herramienta de equidad. No apunta solo al transporte, sino al acceso efectivo a la educación. En muchos casos, el valor del pasaje interurbano representa un gasto imposible de sostener mes a mes. El BEI aparece ahí, justo donde el sistema suele fallar.
Durante 2025, el beneficio llegó a 1.549 estudiantes de distintos niveles educativos. El impacto fue especialmente fuerte en regiones con alta movilidad diaria. El Gran San Luis, que incluye Capital, La Punta y Juana Koslay, concentró una parte significativa de los beneficiarios. También se destacó el Circuito Serrano, con localidades como Potrero de los Funes, El Trapiche y Volcán, y el corredor de la Costa de los Comechingones, desde Merlo hasta Papagayos.
Estas zonas comparten una característica: crecimiento poblacional y desplazamientos cotidianos largos. Allí, el transporte no es un detalle logístico, sino una condición para estudiar.
Números que explican una realidad
La cobertura del 61% respecto a la proyección inicial puede leerse desde dos miradas. Por un lado, muestra que el programa logró llegar a más de la mitad del universo previsto, con un impacto concreto. Por otro, deja en evidencia que todavía existe un margen de estudiantes que no accedieron al beneficio, ya sea por falta de inscripción, desconocimiento o dificultades administrativas.
Ese dato abre una discusión necesaria sobre la difusión y el alcance real de las políticas públicas. El BEI funcionó, pero el desafío hacia adelante será ampliar su llegada sin perder eficiencia.
La digitalización como aliada
Uno de los puntos fuertes del balance 2025 fue la modernización del trámite. La inscripción al Boleto Educativo Interurbano se realizó de manera 100% online a través de la plataforma App TIP. Ese cambio simplificó el proceso, redujo tiempos y eliminó intermediarios.
La validación de datos se hizo de forma ágil y los beneficiarios recibieron notificaciones directas por correo electrónico. En términos de gestión pública, el uso de herramientas digitales no es solo una cuestión de comodidad. Es una forma de garantizar transparencia, trazabilidad y acceso equitativo.
Para muchos estudiantes del interior, evitar traslados innecesarios para realizar trámites fue tan importante como el beneficio en sí.
Transporte y educación: una relación directa
“El BEI es más que un pasaje gratuito; es una herramienta que elimina la barrera económica de la distancia”, afirmó el secretario de Transporte, Víctor Cianchino. La frase resume el espíritu del programa y pone en primer plano una verdad conocida pero poco abordada: estudiar cuesta, incluso cuando la educación es pública.
El transporte diario puede definir si un alumno llega o no a clases. En ese sentido, el BEI funciona como una política preventiva contra la deserción, especialmente en contextos donde la economía familiar está ajustada.
2026, el Año de la Educación
Con este balance como respaldo, el Gobierno provincial proyecta 2026 como el “Año de la Educación”. El anuncio no es solo simbólico. Implica sostener y fortalecer programas que conectan a los estudiantes con el sistema educativo, incluso antes de cruzar la puerta del aula.
El Boleto Educativo Interurbano aparece como una pieza clave de ese esquema. Su continuidad y posible ampliación serán observadas de cerca por familias, instituciones educativas y gobiernos locales.
Lo que queda por delante
El balance 2025 deja una conclusión clara: cuando el Estado interviene sobre un problema concreto, el impacto se mide en trayectorias que continúan. Sin embargo, también plantea desafíos. Ampliar la cobertura, mejorar la difusión y ajustar los criterios de acceso serán pasos necesarios para que el BEI alcance su máximo potencial.
La movilidad estudiantil no suele ocupar titulares rimbombantes. Pero, sin ella, no hay igualdad de oportunidades. El Boleto Educativo Interurbano lo demostró en 2025. Ahora, el desafío es sostenerlo y mejorarlo en 2026, cuando las aulas vuelvan a llenarse y el transporte vuelva a ser, otra vez, una pieza clave del derecho a estudiar.

