Comió una pared para escapar de la comisaría y casi se muere ahogado

Un ladrón de Neuquén protagonizó una fuga insólita: se tragó un trozo de escombro en medio de un motín y tuvieron que hacerle la maniobra de Heimlich.

Dos motochorros fueron detenidos en Centenario tras varios robos. Los llevaron a la comisaría. Rompieron la pared. Arrojaron escombros. Y uno de ellos, en un rapto de brillantez, se tragó un pedazo de mampostería para escapar. Se empezó a ahogar. Se puso azul. Y la policía terminó salvándole la vida.

¿Qué clase de fuga es comerse la pared? ¿Dónde están los cerebros de estos delincuentes? ¿Los dejaron en la moto?

El hecho tuvo todos los condimentos: persecución, motochorros, vecinos linchando, fugas frustradas, escupitajos a médicos, y una escena final: un detenido a punto de morir por tragar un ladrillo, salvado con la maniobra de Heimlich por los mismos policías a los que agredió.

Y después se quejan de la Justicia. Pero lo cierto es que muchos de estos delincuentes no necesitan cárcel, necesitan terapia intensiva… y no por las heridas, sino por la cabeza.

Lo más preocupante no es que se coman una pared. Es que entran, salen, y al rato vuelven a delinquir como si nada.

El sistema penal sigue frágil. Las fuerzas hacen su parte (a veces), los vecinos ayudan (como en este caso), pero los delincuentes siguen en las calles, y en este caso, incluso tragando mampostería en busca de la libertad.

La seguridad no puede quedar en manos de la suerte ni de los errores ajenos. Y mucho menos en manos de delincuentes que se escapan por el estómago.

 

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