Tatiana Yacarini llegó a un acuerdo y fue sobreseída. La víctima fue devastada emocional, profesional y familiarmente.
Diego Alejandro Oliveri fue condenado a 2 años y 3 meses de prisión efectiva por pornovenganza. La víctima fue su expareja, Gabriela Fernández Aberastain, a quien le filtraron un video íntimo sin su consentimiento en abril de 2020. El contenido llegó a sus hijos, a su pareja y a su entorno profesional.
El fallo fue emitido por el juez Ariel Gustavo Parrillis, quien valoró los agravantes del caso: la violencia de género, el daño psicológico, el uso de amenazas y la afectación a la imagen personal y familiar de la víctima. También destacó la forma premeditada en que se difundió el video.
“Si alguna acción dañó a alguien, pido disculpas”, dijo Oliveri antes de escuchar su sentencia. Pero sus palabras no borraron el impacto del delito.
Oliveri, de 46 años, fue hallado culpable de lesiones leves calificadas por el vínculo y por mediar violencia de género, amenazas y distribución indebida de correspondencia, todo en concurso real. Su defensa había pedido la absolución o, en su defecto, una condena en suspenso. No lo logró.
La historia comenzó el 13 de abril de 2020, cuando se viralizó un video íntimo de Aberastain. Según la acusación fiscal, Oliveri y su otra expareja, Tatiana Yacarini, participaron juntos en la difusión del material.
La estrategia fue directa y brutal: primero enviaron el video al nuevo novio de Gabriela. Luego, Yacarini lo contactó para confirmar que era ella quien aparecía en las imágenes. A partir de ahí, comenzaron las amenazas.
“Tatiana te va a arruinar la vida”, habría dicho Oliveri en uno de los mensajes. Y cumplió.
El caso se convirtió en una bomba emocional y profesional para Gabriela. Era profesora y campeona de fitness, y el impacto fue demoledor: no pudo volver a dar clases, ni siquiera de forma virtual. Estuvo encerrada siete meses, en tratamiento psicológico y psiquiátrico.
Sus hijos también fueron afectados. El video circuló en su entorno escolar, y recibieron burlas, agresiones y amenazas.
Tatiana Yacarini, también acusada en la causa, logró evitar la prisión mediante un acuerdo conciliatorio que fue aceptado por la víctima, la querella y la fiscalía. El juez la sobreseyó.
“Te pido públicamente disculpas Gabriela, estoy totalmente arrepentida”, dijo Yacarini en su declaración ante el tribunal.
También denunció haber sido víctima de violencia psíquica, psicológica y económica por parte de Oliveri. Afirmó que durante cinco años su abogado le impidió declarar, y que por eso se mantuvo en silencio.
El fiscal Ricardo Barbeito, en su alegato final titulado “El pecado de ser la ex”, expuso cómo Oliveri ejerció violencia sistemática tras la ruptura, usando la intimidad como un arma para destruir a su expareja.
La sentencia a prisión efectiva representa un precedente importante en causas de pornovenganza, una forma de violencia digital cada vez más frecuente y devastadora.