Congreso paralizado: la oposición quiere sesionar, pero los gobernadores enfrían el juego y estiran el tiempo

Mientras Milei amenaza con vetos, los mandatarios provinciales esperan señales del Ejecutivo. La tensión se traslada al Congreso, pero nadie quiere pagar el costo político.

En pleno receso invernal, la oposición impulsa una sesión clave en Diputados, pero los gobernadores frenan la jugada, especulando con abrir un canal de diálogo con la Casa Rosada. El clima legislativo es de tensión contenida: hay presión, pero no números.

Desde Unión por la Patria y otros bloques opositores plantean avanzar con una mega sesión parlamentaria que incluya el financiamiento universitario, la emergencia del Garrahan, y el rechazo a los vetos presidenciales sobre jubilaciones y discapacidad. Pero la movida choca con la pasividad estratégica de los mandatarios provinciales.

Tras el golpe al oficialismo en el Senado con los proyectos sobre ATNs y coparticipación del impuesto al combustible, los gobernadores decidieron frenar la pelota. Quieren ganar tiempo. Saben que apurar una sesión sin respaldo pleno podría ser un tiro en el pie.

Gobernadores en modo espera: el silencio como táctica
En la Casa Rosada no cayó nada bien el voto opositor en el Senado. De hecho, el propio Javier Milei salió a insultar públicamente a todos los gobernadores, sin distinción entre aliados y críticos. Eso provocó malestar incluso en dirigentes dialoguistas como Gustavo Sáenz, gobernador de Salta, quien le recordó a Milei los apoyos que recibió “a cambio de casi nada”.

Pese a ese enojo, los jefes provinciales ahora juegan a la espera. No quieren aparecer alineados con el kirchnerismo, pero tampoco regalarle oxígeno al Gobierno.

El factor tiempo es vital: después del receso vienen los cierres de listas y las elecciones. Si Milei sale fortalecido de ese proceso, será otro tablero político.

La oposición endurece, pero no le alcanza
Unión por la Patria no tiene los votos suficientes. Ni siquiera puede garantizar la presencia completa de sus 98 diputados. Muchos están de vacaciones y una sesión en julio parece utópica, salvo catástrofe institucional.

La única herramienta viable es una moción de emplazamiento para forzar a la Comisión de Presupuesto, que preside José Luis Espert, a abrir el debate. Hasta ahora, esa comisión bloqueó todos los proyectos opositores por orden del Ejecutivo.

El plan oculto: carnada legislativa para atraer quórum
La oposición apuesta a que los proyectos de coparticipación actúen como anzuelo. La idea es llenar el recinto con los gobernadores como gancho. Pero el resto de los temas —universidades, Garrahan, moratoria jubilatoria, discapacidad— son la verdadera prioridad para el kirchnerismo.

Desde el oficialismo, en tanto, analizan negociar recursos por afuera del Congreso para desactivar esta bomba parlamentaria. Y si no hay acuerdo, apuestan al veto.

Una jugada arriesgada que puede explotar en cualquier momento
Los gobernadores buscan evitar que se los use para detonar el ajuste. Saben que, si aprueban todos los proyectos juntos, le entregan al Gobierno una bomba fiscal activada. Por eso, los más moderados proponen sesiones segmentadas, algo que el kirchnerismo difícilmente acepte.

Así, el Congreso sigue paralizado entre la inercia y la desconfianza. Nadie quiere pagar el costo de un paso en falso. Mientras tanto, el Gobierno gana tiempo, y eso —en política— puede ser tan valioso como una ley.

 

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