Dolor en Excursionistas: confirmaron que el joven hallado en Coghlan era jugador del club

Diego Fernández Lima tenía 16 años. Fue asesinado y enterrado en 1984. Su cuerpo apareció junto a la casa donde vivió Gustavo Cerati.

Cuarenta años de silencio. Cuarenta años de impunidad. El hallazgo de un cuerpo enterrado el pasado 30 de mayo en el barrio porteño de Coghlan reabrió una herida profunda en el deporte, la sociedad y la memoria colectiva. Los restos correspondían a Diego Fernández Lima, un joven de 16 años que jugaba en las inferiores del Club Atlético Excursionistas y que fue asesinado en julio de 1984.

La historia volvió a ser noticia por una ironía cruel del destino: el terreno donde apareció el cuerpo está al lado de una casa que años después, entre 2001 y 2003, perteneció al músico Gustavo Cerati. Sin relación con el crimen, su figura fue arrastrada mediáticamente al caso, pero la noticia verdadera es otra: Diego fue víctima de una desaparición brutal, olvidada por el Estado y reconstruida hoy por la ciencia forense.

Lo mataron, lo taparon y lo olvidaron
El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) confirmó que Diego murió por una puñalada y fue enterrado clandestinamente. En su momento, la Policía caratuló el hecho como una “fuga de hogar”. Con eso, bastó para no investigar más. Su padre, destrozado, declaraba en 1986: “¿Qué quiere que investiguen si ya dan por sentado que él se fue, no que me lo robaron?”. Murió sin saber la verdad.

Un pibe de barrio, un futbolista con sueños
Diego cursaba en la Escuela Técnica N°36 y vivía en Belgrano. Jugaba al fútbol como tantos otros, soñando con llegar lejos. Era parte del plantel juvenil de Excursionistas, el club de Bajo Belgrano que hoy lo recordó con una mezcla de dolor, bronca y amor.

“El Club Atlético Excursionistas expresa su estupor y tristeza por las noticias acerca de Diego Fernández Lima, quien fuera futbolista de nuestra institución al momento de su desaparición”, publicaron. “Enviamos nuestras condolencias y un fuerte abrazo a toda su familia y deseamos que su alma finalmente pueda descansar en paz”.

La memoria de un vestuario no se borra
Daniel Viviani, histórico dirigente y socio vitalicio del club, compartió un mensaje que toca el corazón:
“Queremos recordar a uno de los chicos más queridos de este plantel (…) Las finales se jugaban por Excursionistas y por el gallego. En cada partido sentíamos que él estaba presente”.

Así, lo siguen llamando: el gallego. Porque los clubes de barrio no olvidan a los suyos. Porque donde no llegó el Estado, llegó la memoria popular. Y aunque pasaron décadas, hay heridas que solo la verdad puede cerrar.

¿Y ahora qué?
El hallazgo genera preguntas. ¿Quién lo mató? ¿Por qué? ¿Quién lo tapó durante 40 años? ¿Hubo complicidades? ¿O simplemente, hubo desinterés?

Lo único claro es que Diego no se fugó. Lo desaparecieron. Y lo peor: lo enterraron no solo bajo tierra, sino bajo el olvido institucional.

Ahora, con su identidad recuperada, su historia ya no será apenas una cifra más en los archivos judiciales. Es un nombre, un rostro, una camiseta, una pelota. Y un grito de justicia tardía que vuelve desde el fondo del tiempo.

 

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