Se viene otro aumento de la nafta. El Gobierno nacional dispuso que, a partir del 1º de septiembre, los combustibles se encarecerán por la actualización del impuesto ligado a la inflación. La medida golpeará directo al bolsillo de millones de argentinos, justo en un contexto de salarios rezagados y economía frágil.
El Decreto 617/2025, publicado este viernes en el Boletín Oficial, formaliza el incremento. Además, establece un cronograma de subas pendientes que habían sido postergadas en 2024 y en el primer semestre de 2025. La decisión deroga al Decreto 466/2024 y sus modificatorios, que habían congelado los aumentos fiscales.
En la práctica, significa que cada trimestre los montos fijos del impuesto a los combustibles líquidos se ajustarán con las variaciones del Índice de Precios al Consumidor (IPC) que publica el INDEC. En otras palabras: cada vez que suba la inflación, los impuestos se trasladarán automáticamente a las naftas y el gasoil.
La primera fase del aumento de la nafta será del 1º al 30 de septiembre. Durante ese período, las naftas sin plomo, superiores a 92 RON y la nafta virgen sumarán $10,523 de impuesto adicional, más $0,645 en concepto de dióxido de carbono. El gasoil también se verá afectado: $8,577 de carga tributaria, con un diferencial de $4,644 en ciertas regiones, más $0,978 en dióxido de carbono.
La segunda fase comenzará el 1º de octubre. Allí se aplicará el ajuste total acumulado, que incluye las actualizaciones diferidas de 2024 y de los dos primeros trimestres de 2025. El resultado: un impacto aún mayor en los precios finales de los combustibles.
El Gobierno justifica la medida en la “necesidad de fortalecer las cuentas fiscales”. Traducción: necesita más recaudación para sostener el gasto y responder al paquete de leyes aprobado recientemente en el Congreso. Pero la consecuencia directa será que los argentinos pagarán más caro el transporte, la logística, la producción y, en última instancia, la comida de todos los días.
El aumento de la nafta no solo es un problema de surtidor. Tiene un efecto cascada que repercute en la inflación general. Los especialistas ya advierten que este golpe puede trasladarse rápidamente a los precios de los alimentos y servicios básicos. Cada litro que sube la nafta multiplica el costo de traslado en camiones, colectivos, taxis y hasta en la distribución de mercadería en supermercados.
Los sectores más golpeados serán, una vez más, los trabajadores con ingresos fijos. Los sueldos siguen corriendo detrás de la inflación, y este nuevo ajuste dejará todavía más en evidencia la pérdida de poder adquisitivo. La clase media, que ya hace malabares para pagar alquiler, servicios y alimentos, enfrentará otro mazazo en su presupuesto mensual.
El aumento de la nafta también tiene una dimensión política. El Gobierno busca cerrar números con el FMI y mostrar disciplina fiscal, pero lo hace a costa de tensar aún más la relación con la sociedad. Una sociedad que ya no tolera subas sin freno en energía, transporte y ahora combustibles.
Mientras tanto, la oposición aprovecha para remarcar el impacto del decreto. Plantean que no es un ajuste técnico, sino un tarifazo encubierto. Incluso dentro del oficialismo hay voces que temen un rebote social fuerte, justo en la previa de un fin de año complejo.
La realidad es que cada aumento en los combustibles se convierte en termómetro del malestar social. Y este no será la excepción. Desde septiembre, cargar el tanque será un recordatorio constante de que la crisis no afloja. El aumento de la nafta vuelve a encender el malhumor de la calle.