La erradicación de microbasurales volvió a ocupar un lugar central en la agenda ambiental provincial. Esta vez, el escenario fue la Ruta Provincial N°2, en cercanías de Juan Llerena, donde operarios de la planta recuperadora Peuma y trabajadores municipales avanzaron en tareas de limpieza para evitar que montículos de residuos se transformen en un basural a cielo abierto.
No se trata solo de juntar bolsas y escombros. Detrás de cada intervención hay una disputa silenciosa entre la gestión pública y una práctica que se repite: arrojar residuos en la vera de rutas, lejos de la mirada inmediata, pero no de las consecuencias.
La intervención se concretó a partir de un pedido formal de la intendenta de Juan Llerena, Iris Busto, quien solicitó colaboración a la planta provincial más cercana para contener la acumulación de desechos detectada en la zona. Papeles, botellas, restos de obra y residuos domiciliarios formaban parte del paisaje que comenzaba a consolidarse como punto crítico.
La respuesta llegó desde Peuma, la planta de tratamiento y recuperación de residuos sólidos urbanos ubicada en proximidades de La Toma. Mientras el municipio aportó personal para las tareas manuales, el ente provincial sumó camiones y logística para la recolección y traslado de los residuos hacia su disposición final.
El operativo fue puntual, pero el problema es estructural. Los microbasurales aparecen en márgenes de rutas, caminos rurales y accesos a localidades. Surgen de manera dispersa y, si no se interviene a tiempo, crecen hasta convertirse en focos permanentes de contaminación.
Desde la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable destacaron el compromiso de los municipios en este tipo de acciones. El mensaje fue claro: los microbasurales no solo degradan el entorno, también representan un riesgo para la salud pública y para quienes transitan por esas zonas.
Sin embargo, la escena se repite en distintos puntos del territorio provincial. Las rutas, especialmente en tramos menos transitados, se convierten en destino frecuente de residuos que deberían ingresar al circuito formal de recolección. La consecuencia es doble: contaminación ambiental y sobrecarga para el sistema público.
En ese contexto, el rol del Ente de Residuos aparece como articulador. La planta Peuma, diseñada para la recuperación y tratamiento de residuos sólidos urbanos, no solo procesa desechos; también actúa como soporte técnico para municipios que no cuentan con infraestructura propia suficiente.
El operativo en la Ruta 2 dejó una imagen concreta: camiones cargando residuos acumulados en un tramo que conecta localidades y que, por su ubicación, tiene tránsito constante. El impacto visual es inmediato, pero también lo es el ambiental. Plásticos y escombros a cielo abierto no desaparecen solos. Se degradan lentamente y afectan suelo, agua y biodiversidad.
A nivel político, la acción conjunta envía una señal de cooperación interinstitucional. No hubo confrontación ni deslinde de responsabilidades. Hubo pedido de asistencia y respuesta operativa. En tiempos donde las competencias suelen superponerse, esa coordinación marca un matiz.
No obstante, el desafío excede la limpieza puntual. La erradicación de microbasurales implica prevención, educación ambiental y control. Porque cada operativo resuelve una acumulación, pero no necesariamente modifica la conducta que la originó.
En localidades pequeñas, el vínculo entre municipio y vecinos es más directo. Eso puede facilitar campañas de concientización, pero también expone tensiones. Señalar la problemática sin estigmatizar y, al mismo tiempo, exigir responsabilidad colectiva no es sencillo.
El caso de Juan Llerena muestra una intervención concreta. Peuma aportó los camiones. El municipio sumó personal. Los residuos fueron recolectados y trasladados para su disposición correspondiente. El tramo quedó limpio. La postal cambió.
La pregunta es cuánto durará esa imagen. Porque la erradicación de microbasurales no es un evento aislado, sino un proceso permanente. Y cada ruta provincial es, a la vez, un corredor productivo y un espacio vulnerable.
Mientras tanto, el Ente de Residuos continúa trabajando con distintos municipios en acciones similares. Algunas se conocen. Otras pasan desapercibidas hasta que el volumen de basura vuelve imposible la indiferencia.
La escena en la Ruta Provincial N°2 dejó en claro que la gestión ambiental requiere presencia constante. Lo visible se limpia. Lo invisible, si no se aborda, reaparece. Y en esa tensión se juega buena parte de la política ambiental cotidiana.

