La Saladita desembarca en Traslasierra: alivio para unos, amenaza para otros

La feria itinerante se instala del 2 al 11 de agosto en Las Tapias con precios bajos, pero comerciantes formales temen una caída en sus ventas.

Del 2 al 11 de agosto, La Saladita —la feria itinerante más popular del país— se instalará en Las Tapias, más precisamente en el Triángulo de Chuchiras sobre avenida Libertad. El evento comercial, que promete más de 50 puestos con precios accesibles, ya genera expectativas y tensiones en partes iguales.

En un escenario donde el consumo se retrae y la inflación no da tregua, los precios bajos son un imán. Indumentaria, calzado, electrónica, bazar y más. La feria ofrece venta directa al consumidor, sin intermediarios ni recargos, lo que se traduce en una ventaja clara frente al comercio tradicional.

Pero no todos celebran. Desde el sector de comerciantes locales de Villa Dolores, Las Tapias y alrededores, crecen las voces de preocupación. El argumento es claro: no hay competencia leal cuando uno paga impuestos, alquiler, servicios, y otro no. La llegada de estas ferias representa, para muchos, una amenaza directa a la supervivencia del comercio formal.

“Vendemos menos cada vez. Si encima vienen ferias con precios imposibles de igualar, vamos a tener que cerrar”, señaló un comerciante local en reserva.

Desde la organización de La Saladita, el mensaje es distinto. Afirman que su presencia dinamiza la economía, genera circulación de personas, y ofrece una alternativa de consumo concreta en medio de una crisis que golpea todos los días.

También subrayan que muchos feriantes no son grandes empresas, sino emprendedores, productores y familias que encontraron en este formato una forma de sobrevivir económicamente.

El modelo itinerante de La Saladita ha sido replicado en múltiples provincias argentinas con resultados mixtos: por un lado, miles de personas acceden a productos que no podrían pagar en el mercado tradicional; por el otro, el comercio local ve cómo sus ventas se evaporan durante los días de la feria.

El trasfondo es uno solo: la caída del poder adquisitivo. Cada vez más argentinos se ven obligados a elegir precio sobre todo. Y las ferias como La Saladita lo entienden perfectamente.

El debate no es nuevo, pero se intensifica. ¿Es justo competir con quien no paga cargas laborales ni fiscales? ¿O es la única forma de que la rueda económica siga girando, al menos para algunos?

La feria llega. El conflicto también. Los próximos días mostrarán si esta nueva edición termina siendo una válvula de escape para el bolsillo… o un golpe más para el comercio local.

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