El caos en Parque Central reabre el debate sobre el control vehicular, la responsabilidad juvenil y el abandono estatal.
Eran apenas las 6:20 de la mañana cuando un Ford Fiesta Kinetic azul irrumpió en la rutina de los vecinos de Parque Central, Neuquén. El auto se desplazaba haciendo zigzag. En su interior, un conductor de 20 años con 0,94 g/l de alcohol en sangre y tres acompañantes. En la vereda: al menos 15 personas esperando el colectivo. El saldo: siete internados, gritos, desesperación y un linchamiento callejero.
La escena fue dantesca. El auto se estrelló contra la garita ubicada en Sarmiento entre La Pampa y Misiones. Quienes esperaban el transporte terminaron en el suelo. Heridos, shockeados, sin entender por qué una simple espera terminó en tragedia.
El conductor quiso escapar: los vecinos no lo permitieron
El joven al volante intentó huir. Pero la misma comunidad que sufre, actuó. Lo atraparon y lo golpearon. El linchamiento fue inevitable. La Policía tuvo que sacarlo en ambulancia. Aunque tenía heridas, estaba lúcido. Con 0.94 g/l en sangre, seguía caminando.
El episodio fue registrado por cámaras de colectivos. Las imágenes, crudas, muestran una ciudad harta. Harta de la impunidad, del consumo sin control, de la falta de prevención, y de una justicia que muchas veces llega tarde.
Un sistema colapsado
“Así, con tanta gente lesionada, no recuerdo otro caso”, dijo el subcomisario Felipe De La Fuente. Lo que pasó en Neuquén no es solo un accidente: es una falla estructural.
¿Por qué un joven de 20 años puede conducir alcoholizado a plena madrugada? ¿Dónde está el Estado que debería controlar, educar y sancionar? ¿Cómo es posible que nadie note un vehículo zigzagueando hasta que ocurre la tragedia?
Una familia que evade, una sociedad que paga
El auto estaba a nombre del padre. La madre asegura que su hijo lo tomó sin permiso a las 2 AM. Las tres acompañantes del joven huyeron en estampida.
La evasión familiar contrasta con el peso que hoy cargan los heridos: traumatismos, fracturas y un trauma que no sanará fácil.
El sistema judicial ya intervino. Pero para muchos, eso no alcanza. La justicia popular fue más rápida. El linchamiento, si bien condenable, refleja la desesperación social frente al vacío institucional.
Alcohol, juventud y negligencia: una mezcla explosiva
No es un caso aislado. Es parte de una serie de episodios repetidos en todo el país. Jóvenes sin conciencia, familias permisivas, falta de control estatal y nula educación vial.
Mientras se discute Boleta Única, inflación o seguridad, en las calles se juega la vida. Y la estamos perdiendo.