Tras homicidios y disturbios en Los Molles, La Toma y Juana Koslay, Pablo Vieytes descartó una crisis de inseguridad y culpó al consumo y la intolerancia social.
La provincia de San Luis vivió un fin de semana cargado de violencia. Hubo un homicidio en Los Molles, disturbios a la salida de un boliche en La Toma, y otro crimen en Juana Koslay. Sin embargo, el jefe de la Policía, Pablo Vieytes, se negó a hablar de “inseguridad” y eligió otro término: “alteración del orden público”.
Con un tono firme y desafiante, el funcionario aseguró que estos episodios no responden a una escalada delictiva, sino a conflictos con raíces familiares, sociales y culturales. “No podría llamar yo inseguridad a un hecho violento como el que se perpetró en Los Molles. El desencadenante se dio dentro del seno familiar”, dijo Vieytes, descartando de plano cualquier relación con robos o delitos organizados.
Una sociedad que consume, se irrita y explota
Para el jefe policial, el problema no es la falta de patrullas ni de presencia estatal. Es mucho más profundo. “Existe mucha violencia, poca tolerancia a la frustración, mucho consumo de alcohol, consumo de sustancias. Y el desencadenante es el ejercicio de la violencia”, explicó.
La lectura oficial, sin embargo, abre otro frente de conflicto: traslada la responsabilidad del caos a la propia ciudadanía.
En el caso de La Toma, Vieytes explicó que el principal agresor actuó bajo los efectos del alcohol y que el episodio se desató a la salida de un espacio de recreación. “Primero agredió a un grupo de mujeres, luego a un hombre y finalmente al personal policial. Las imágenes son claras”, relató.
Aclaró además que la Policía se encontraba en el lugar haciendo tareas de prevención y control del tránsito, “no con otra finalidad”.
“Le guste a quien le guste, vamos a seguir estando”
La defensa de la fuerza fue cerrada. Vieytes subrayó que no hubo excesos ni arbitrariedades en la actuación policial y apuntó a un fenómeno nacional: el odio contra las fuerzas. “Hay un ensañamiento con los uniformados, como si fueran el chivo expiatorio de toda esa bronca, ira y malestar social”.
La frase no pasó inadvertida: “La Policía va a continuar haciendo presencia preventiva, le guste a quien le guste”, declaró sin eufemismos.
El problema, según Vieytes, es generacional
Para el comisario general, hay un componente etario que no se puede ignorar. “Mucha juventud se encuentra inmersa en el flagelo de las drogas y la falta de control emocional. Se necesita mucha voluntad y cooperación ciudadana, porque la seguridad la hacemos todos”.
Frente a una sociedad que exige respuestas, el Gobierno provincial —según Vieytes— trabaja para recomponer ese “entramado social roto”. Sin embargo, la pregunta sigue en el aire: ¿es suficiente con culpar al entorno para justificar la violencia?
Mientras tanto, los homicidios se acumulan, los disturbios se multiplican y el discurso oficial insiste en que no es inseguridad.