El programa Mi Primer Carnet fue presentado formalmente el viernes pasado por el gobernador Claudio Poggi junto a parte de su gabinete, con una premisa clara: llevar la educación vial a las escuelas secundarias y facilitar el acceso a la licencia de conducir para jóvenes de entre 16 y 21 años.
La propuesta, impulsada por el Ministerio de Seguridad a través de la Dirección de Seguridad Vial, no se limita a simplificar trámites. Apunta, según remarcaron sus responsables, a intervenir antes del problema. Prevenir en lugar de lamentar.
Alejandro Lara, director de Seguridad Vial, explicó que el programa se desarrollará en cuatro etapas bien definidas y que los interesados podrán inscribirse hasta el 31 de marzo a través del sitio oficial del Ministerio.
Programa Mi Primer Carnet: formación antes que trámite
El eje central no es la licencia en sí misma, sino la capacitación previa. La primera etapa contempla la realización del Curso Nacional de Seguridad Vial, con el objetivo de generar conciencia sobre normas, señalización y prevención de siniestros.
El dato que fundamenta la política es contundente: según la Agencia Nacional de Seguridad Vial, el 21% de los siniestros viales registrados en 2024 involucró a jóvenes de entre 15 y 24 años. La franja etaria que ahora el programa intenta alcanzar.
No es un detalle menor. En términos de política pública, la decisión de ingresar al ámbito escolar implica reconocer que la problemática vial no se resuelve solo con controles en la calle, sino con formación sistemática.
La segunda etapa será práctica. Se desarrollará en espacios seguros y controlados, bajo la supervisión de instructores de la Policía de la Provincia. Aquí aparece otro componente: el Estado como garante de la formación técnica.
Luego vendrá el acompañamiento administrativo. Libre deuda de multas, certificaciones municipales, estudios médicos y psicológicos. Todo gestionado con asistencia del Ministerio de Seguridad. La gratuidad del programa es uno de los puntos que más se enfatizó.
Finalmente, los jóvenes deberán presentarse en los centros de emisión de licencia correspondientes a su domicilio para rendir los exámenes teóricos y prácticos formales. Es decir, el circuito legal no se modifica. Lo que cambia es el respaldo previo.
Seguridad vial y construcción de ciudadanía
Más allá de la descripción operativa, el programa tiene una lectura más amplia. Ingresar la educación vial al sistema educativo formal supone integrar la cultura del respeto normativo como parte del proceso formativo.
Conducir no es solo un permiso. Es asumir una responsabilidad pública.
En un contexto donde los accidentes de tránsito siguen siendo una de las principales causas de muerte en jóvenes, la política apunta a reducir la brecha entre la edad en que se comienza a conducir y la preparación real para hacerlo.
También hay una dimensión política evidente. El Gobierno provincial refuerza su presencia en las escuelas y posiciona al Ministerio de Seguridad en un rol preventivo, no solo reactivo. La narrativa es clara: formar conductores responsables desde el aula.
La pregunta que quedará planteada es el alcance efectivo del programa. Cuántos estudiantes se inscribirán. Cuántos completarán las cuatro etapas. Y, sobre todo, si la capacitación impactará en las estadísticas futuras de siniestralidad juvenil.
Por ahora, la convocatoria está abierta. El mensaje oficial es contundente: antes de tener la llave del vehículo, hay que tener conocimiento. Y ese, aseguran, será el verdadero carnet que entregue el Estado.

