San Luis activa el cuerpo: vuelve el Plan Provincial de Natación

El Plan Provincial de Natación retoma clases este lunes en San Luis, Villa Mercedes, Merlo, Juana Koslay, Concarán y El Volcán, con 22 profesores y 10 natatorios.

Desde este lunes 4 de agosto, vuelve a ponerse en marcha el Plan Provincial de Natación en San Luis. El programa, que se dicta en 29 escuelas y llega a más de 2.700 alumnos, forma parte de una estrategia integral para recomponer el tejido social a través del deporte.

Con epicentro en 10 natatorios públicos y privados distribuidos en San Luis, Juana Koslay, El Volcán, Villa Mercedes, Concarán y Merlo, los chicos de nivel primario volverán a tener clases gratuitas de natación en turnos diarios.

Cuerpo, mente y comunidad
La propuesta no es solo deportiva: apunta a la formación psíquica, física y social de niñas y niños de 8 a 11 años.
“El deporte construye ciudadanía, promueve valores y sana desde adentro”, sintetizan desde la Secretaría de Deporte.

El programa se articula entre esa Secretaría, el Ministerio de Educación y las autoridades escolares, con un enfoque territorial.
“El plan se dicta en 29 escuelas, con 22 profesores que hacen un seguimiento constante del progreso. Los alumnos asisten según cercanía al natatorio y según la capacidad del lugar”, explicó Brayam Roy, coordinador general.

Etapas del aprendizaje acuático
La natación se aborda en cuatro niveles clave:

Ambientación al medio acuático

Flotación

Propulsión

Técnica de nado

Este proceso pedagógico permite que cada estudiante avance según su ritmo, con prácticas progresivas.

Roy agregó:
“Los deportes de alta complejidad como la natación estimulan todos los músculos y la coordinación motora. Es fundamental iniciarlos a edad temprana para un desarrollo sano”.

Padres presentes, comunidad activa
Además de profesores, escuelas y piletas, el programa incorpora un factor esencial: las familias.
“Invitamos a los padres a clases abiertas para que vean el progreso de sus hijos. El acompañamiento familiar es clave”, afirmó Roy.

El impacto es doble: enseñanza y prevención. Aprender a nadar salva vidas, fortalece el cuerpo y teje comunidad. En tiempos donde el abandono escolar y la violencia ganan terreno, una pileta también puede ser un refugio, un aula y un espacio de contención.

 

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