El Último Primer Día en Villa Mercedes vuelve a instalar un debate que se repite cada febrero: celebración juvenil o desborde que termina tensionando a la comunidad educativa.
Esta vez, el Colegio Nº 2 “Juan Esteban Pedernera” decidió anticiparse. La institución informó que aplicará medidas disciplinarias a los alumnos de 6° año que, tras participar del tradicional UPD, no respeten el Acuerdo de Convivencia Escolar al momento de ingresar al establecimiento.
La advertencia es concreta: no podrán entrar quienes lleguen sin uniforme reglamentario o en estado de ebriedad. Y las sanciones podrían incluir la quita parcial o total de las estampillas estudiantiles, según la gravedad de cada caso.
La decisión no surge en el vacío.
El antecedente que encendió la alarma
La directora, Anabel Bionda, explicó que a fines del año pasado, durante el denominado “último timbre”, se registraron situaciones que encendieron señales de alerta. Hubo petardos, envases de espuma lanzados hacia el interior del edificio, empujones y episodios que involucraron incluso a padres que acompañaban los festejos.
No fue solo ruido. Fue descontrol. Y en un edificio que es patrimonio histórico de la provincia, la preocupación no es menor.
La directiva remarcó que se puso en riesgo a la comunidad educativa y al propio inmueble. Por eso, la postura para este inicio de ciclo es preventiva.
Uniforme, identidad y seguridad
El comunicado difundido esta semana establece que el próximo lunes —cuando comiencen las clases del nivel secundario— se exigirá estrictamente el cumplimiento de la presentación reglamentaria.
La vestimenta obligatoria incluye remera de piqué azul con cuello polo, pantalón gris corte recto, campera o buzo oscuro con escudo institucional y calzado oscuro sin colores llamativos.
No es un detalle estético. Según Bionda, el uniforme representa identidad y pertenencia, pero también cumple una función de seguridad. El colegio comparte edificio con el Instituto de Idiomas (IDI), lo que vuelve necesario identificar con claridad a los estudiantes propios.
En este punto, la institución marca una línea clara: festejar sí, pero dentro de reglas.
Sanciones y responsabilidad compartida
Las pautas fueron dialogadas con tutores en noviembre, cuando el nuevo equipo directivo asumió la conducción. Allí se advirtió que cualquier incumplimiento tendría consecuencias previstas en el régimen disciplinario.
Entre ellas, la suspensión parcial o total de las estampillas escolares, un elemento simbólico y administrativo relevante para los alumnos de último año.
La dirección insiste en que no se busca castigar por castigar. El objetivo —afirman— es evitar situaciones de violencia o indisciplina que afecten a terceros.
“Apelamos al acompañamiento y responsabilidad de las familias”, señaló Bionda. El mensaje apunta a los adultos tanto como a los estudiantes.
En paralelo, algunos tutores manifestaron preocupación por una convocatoria en una quinta donde asistirían alrededor de 125 adolescentes, entre ellos alumnos del colegio. El dato no es menor en el contexto de un festejo que suele extenderse durante la madrugada.
Una discusión que excede a una escuela
El UPD se convirtió en los últimos años en un ritual de egreso anticipado. Nació como celebración espontánea y terminó institucionalizado, aunque no siempre regulado.
El desafío para las escuelas es complejo. Prohibir genera resistencia. Permitir sin límites, problemas.
En este caso, el Colegio “Juan Esteban Pedernera” eligió un punto intermedio: no cerrar la puerta al festejo, pero dejar claro que el ingreso al establecimiento exige condiciones mínimas de convivencia.
Incluso se ofreció la posibilidad de realizar desayunos organizados dentro del aula, con presencia de tutores responsables de la limpieza y el cuidado del edificio.
El mensaje final es preventivo. No busca confrontar, sino ordenar.
En definitiva, el Último Primer Día en Villa Mercedes vuelve a plantear una pregunta recurrente: cómo equilibrar tradición juvenil y responsabilidad institucional sin que nadie termine pagando los costos del exceso.

