El ejemplar fue asistido por el CCVS y trasladado a la reserva Quebrada de las Higueritas. Evalúan si podrá volver a cazar por sus propios medios.
Un aguilucho ñanco rescatado en Luján enfrenta su mayor batalla: recuperar la fuerza y volver a cazar en libertad.
Vecinos de la localidad de Luján, en San Luis, encontraron a un aguilucho ñanco (Geranoaetus polyosoma) herido y lo trasladaron rápidamente a la reserva natural Quebrada de las Higueritas. La respuesta fue inmediata. El guardaparques Samuel Olivieri activó el protocolo y derivó al animal al Centro de Conservación de Vida Silvestre (CCVS) en La Florida, donde un equipo de veterinarias y cuidadores comenzó su atención médica.
El ejemplar, una ave rapaz típica de Sudamérica, llegó con lesiones visibles en una de sus patas y plumas dañadas en un ala. Las primeras radiografías descartaron daños óseos, una señal positiva para los especialistas. Sin embargo, la preocupación principal recae en su pata izquierda, que muestra contracción y presión en los tendones, posiblemente causadas por un fuerte golpe.
“Le estamos suministrando analgésicos y medicación para el dolor. No tiene daño óseo, lo cual es alentador, pero todavía no puede presionar bien con la garra”, explicó Andrea Gangone, médica veterinaria del CCVS.
Según detallaron desde el centro, el ave responde bien a los vendajes que buscan mantener su postura fisiológica. La movilidad de la garra será determinante: si no la recupera, no podrá cazar ni sobrevivir por sus propios medios en estado silvestre.
Además del problema en su extremidad, el aguilucho presenta plumas quebradas en un ala, aunque no tiene heridas abiertas. Esto abre una esperanza de recuperación total si se cumplen las etapas del tratamiento.
“El gran objetivo es que vuelva a la naturaleza. Pero eso solo será posible si demuestra que puede alimentarse solo y volar con precisión”, indicaron desde el CCVS.
El aguilucho ñanco es un ave cazadora solitaria, que se alimenta de pequeños mamíferos, reptiles, aves, invertebrados y anfibios. Suele volar en círculos antes de lanzarse en picada para capturar a su presa con garras potentes. Su plumaje se distingue por el gris en la testa, lomo y alas, y el blanco en el vientre y garganta.
Mide entre 47 y 54 centímetros, siendo la hembra de mayor tamaño. Su método de caza precisa fuerza, precisión y control del vuelo. Por eso, la recuperación de su garra es vital para que pueda regresar a su hábitat.
Mientras tanto, el ave se mantiene en observación, con controles diarios, alimentación asistida y tratamiento constante. Los especialistas no descartan su liberación, pero advierten que aún es pronto para definirlo.
Este rescate es también un llamado de atención sobre la importancia de la conservación de especies nativas y el rol de la comunidad en la protección de la fauna silvestre. La acción rápida de vecinos, guardaparques y veterinarios puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte para estos animales.