La escena es conocida pero no por eso pierde peso político: sobres cerrados, tres constructoras en carrera y una promesa que en la provincia siempre cotiza alto. La dirección de Obras de Arquitectura y Viviendas abrió este miércoles las ofertas para construir nuevos hogares en el interior y el mensaje es claro: el plan habitacional sigue en marcha y quiere mostrarse territorial.
El acto se realizó en Casa de Gobierno. Formalidad, papeles, números. Pero lo que está en juego es otra cosa: el acceso a la vivienda propia en un contexto económico donde el crédito hipotecario es una ilusión para la mayoría y el alquiler se volvió una carrera contra el salario. En ese marco, cada anuncio de obra pública tiene doble lectura. Infraestructura, sí. Pero también señal política.
En esta etapa, el foco está puesto en tres localidades: El Volcán, La Punta y Candelaria. En El Volcán se construirán 30 viviendas. Trece estarán destinadas a finalizar los planes ‘Progreso’ y ‘Sueños’, dos programas que arrastran expectativas desde hace tiempo. Las 17 restantes se encuadran en el nuevo esquema provincial, bautizado ‘Tenemos Futuro’. No es solo un nombre: es una forma de decir que el plan habitacional se renueva y busca mostrar continuidad sin quedar atado al pasado.
En La Punta se edificarán otras 30 unidades y en Candelaria, 10. En ambos casos, bajo el paraguas del actual plan provincial de viviendas. Las cifras pueden parecer modestas si se miran en frío. Pero en localidades del interior, 10 o 30 casas reconfiguran barrios, mueven empleo local y activan pequeñas economías.
Plan provincial de viviendas: despliegue territorial y presión por resultados
El Gobierno no quiere que el anuncio quede aislado. Por eso acompañó la apertura de sobres con un mapa de obras en ejecución que atraviesa buena parte del territorio. El nuevo plan ya está en marcha en Anchorena (6 viviendas), Fortuna (6), Bagual (4), Unión (16), Navia (4), La Vertiente (4), San Martín (6), La Toma (20), Concarán (20), Zanjitas (6), Alto Pencoso (4), Fraga (10) y Juan Llerena (4).
Además, en breve comenzará la construcción en Arizona (6) y San Pablo (4). En Buena Esperanza se trabajan dos viviendas correspondientes a los planes ‘Progreso’ y ‘Sueños’, lo que muestra que la estrategia combina cierre de compromisos anteriores con lanzamiento de nuevas etapas.
La lógica es clara: mostrar capilaridad. Que no quede departamento sin obra, que el discurso de federalismo interno tenga respaldo en ladrillos y no solo en actos.
En la ciudad de San Luis el volumen es otro. Allí avanzan 164 nuevos hogares, en continuidad con los 800 adjudicados por el Gobierno provincial en 2025. En total, en la capital se ejecutarán 314 unidades. El número es significativo y también estratégico: la capital concentra demanda, visibilidad y, por supuesto, presión política.
La vivienda es uno de esos temas que no admiten neutralidad. Interpela directamente a la clase media joven, a las familias que alquilan hace años, a quienes quedaron fuera del sistema crediticio. Y también a los sectores populares que ven en el Estado la única posibilidad real de acceder a un techo propio.
Pero detrás de cada anuncio hay preguntas inevitables. ¿Cómo se financian estas obras en un contexto nacional de ajuste y recorte de la obra pública? ¿Qué impacto real tendrá el plan en la reducción del déficit habitacional? ¿Alcanzan estas cifras frente a una demanda que crece año tras año?
El Gobierno provincial apuesta a sostener una política propia, diferenciada del escenario nacional, donde la obra pública quedó bajo revisión. Esa decisión tiene costo y también rédito. Costo fiscal, porque implica destinar recursos en tiempos de estrechez. Rédito político, porque la vivienda es tangible, visible y difícil de discutir.
Las constructoras que presentaron ofertas saben que no se trata solo de una licitación más. El ritmo de ejecución será observado de cerca. En tiempos donde la credibilidad se mide en plazos cumplidos, la demora puede transformarse en desgaste.
Hay además una dimensión social que suele quedar en segundo plano. Cada plan habitacional redefine comunidades. Cambia dinámicas urbanas, genera nuevas demandas de servicios, transporte, escuelas, salud. Construir casas es apenas el inicio; sostener esos barrios en el tiempo es el verdadero desafío.
En El Volcán, por ejemplo, la finalización de los planes ‘Progreso’ y ‘Sueños’ implica cerrar historias que llevan años abiertas. Familias que esperaron, que proyectaron, que acomodaron su vida a una promesa estatal. El nuevo programa ‘Tenemos Futuro’ llega con otra narrativa, más ligada al presente y al porvenir. Pero la expectativa es la misma: llaves en mano.
En La Punta y Candelaria, el impacto será similar. Comunidades más pequeñas donde cada vivienda nueva tiene nombre y apellido antes de empezar a construirse. Allí la política se siente en la vereda, no en las redes sociales.
El plan provincial de viviendas, con su despliegue territorial, intenta consolidar una identidad de gestión. No es un anuncio aislado ni una obra puntual. Es una política que busca continuidad, volumen y presencia en el mapa completo de la provincia.
Queda por ver si el ritmo prometido se sostiene. Si las obras avanzan según cronograma. Si la demanda no desborda la oferta. Y, sobre todo, si la vivienda deja de ser una meta lejana para convertirse en una realidad concreta para quienes hoy miran el mercado inmobiliario como algo ajeno.
Porque en definitiva, más allá de los actos y las planillas, la discusión es simple y brutal: quién puede hoy acceder a un techo propio y bajo qué condiciones. El resto es relato.

