La Maratón del Cangrejo: el juego que esperó 25 años para salir de una casa de Florencio Varela

A los 77 años, Aníbal Claudio González puede decir que finalmente vio convertido en realidad uno de sus sueños. Es inventor y durante décadas imaginó, fabricó, registró y volvió a intentar con distintos proyectos. Pero hubo uno que permaneció especialmente cerca suyo: “La Maratón del Cangrejo”, un juego de mesa que creó en 2001 y que recién este año consiguió fabricar.

La historia comenzó mucho antes. Aníbal nació el 7 de abril de 1949 en Misiones y pasó sus primeros años en Posadas. Cuando tenía cinco años, su familia se mudó a Florencio Varela. Terminó la escuela primaria, pero no pudo continuar sus estudios.

A los 10 años ya trabajaba. Fue cadete, atendió una panadería y también trabajó en una farmacia. Mientras algunos chicos de su edad comenzaban la secundaria, él tenía que ayudar a sostener a su familia.

La curiosidad, sin embargo, siguió presente.

Un inventor que nunca dejó de intentar

Durante su juventud fue músico y tuvo un grupo. A los 22 años se casó con la mujer que lo acompañaría durante toda su vida. Hoy llevan 55 años juntos, tienen tres hijos y cinco nietos.

Su esposa fue una pieza fundamental en el camino de Aníbal. Mientras ella atendía el negocio, cuidaba a los chicos y acompañaba a la familia, él continuaba pensando en nuevos proyectos.

Fabricó escobillones, escobas y distintos productos. A mediados de los años 80 apareció una de sus primeras grandes ideas: un dosificador de shampoo para instalar en el baño.

La idea surgió después de una situación cotidiana. Había regresado de vacaciones, quiso bañarse y descubrió que no quedaba shampoo. Pensó entonces en un recipiente fijo que permitiera dosificarlo.

Invirtió prácticamente todo lo que tenía, compró máquinas y patentó el invento. Pero apareció un problema que terminó siendo decisivo: había elegido metal cromado para fabricarlo y el producto resultaba corrosivo.

Cuando descubrió el inconveniente, ya no tenía capital para modificar el proyecto.

El invento no funcionó. Pero Aníbal tampoco se detuvo.

Nunca vencido. Nunca vencido”, recuerda cuando habla de aquel fracaso.

En los años 90 volvió a intentarlo con otro juego de dados. Llegó a vender unas 200 unidades, pero cada una requería tantas horas de trabajo artesanal que el proyecto terminó siendo inviable.

Durante la pandemia también creó un pequeño botiquín para tener en las casas, con curitas, vendas, agua oxigenada y otros elementos básicos. Lo registró y fabricó algunos ejemplares, pero tampoco logró que el proyecto funcionara como esperaba.

Su conclusión frente a todos esos intentos es sencilla: “El fracaso sirve para aprender”.

La Maratón del Cangrejo nació en 2001

La idea que más tiempo tuvo que esperar fue “La Maratón del Cangrejo”.

Aníbal la imaginó en 2001. Se trata de un juego de mesa basado en una ruleta de colores y en una regla particular: los jugadores no solamente avanzan, también pueden retroceder.

De ahí surge la identidad del cangrejo, un animal que puede desplazarse hacia atrás.

Aníbal diseñó la mecánica, pensó las reglas y registró la creación. El problema llegó cuando intentó convertir la idea en un producto.

Para fabricar las piezas de plástico necesitaba matrices industriales y una inversión que estaba fuera de sus posibilidades económicas.

Intentó presentar el juego ante una empresa de juguetes. Fue personalmente hasta una oficina, explicó cómo funcionaba y recibió una respuesta negativa.

El juego volvió a casa.

Durante años quedó guardado. La familia lo conocía y lo jugaba, pero aquella creación que Aníbal había imaginado para otras personas seguía siendo un proyecto familiar.

En 2015 volvió a registrarlo e intentó recuperarlo. Pero el obstáculo seguía siendo el mismo: no contaba con el dinero necesario para producirlo.

El cambio fue fabricar uno, no miles

Este año decidió cambiar la estrategia.

En lugar de pensar cómo fabricar miles de juegos, se preguntó cómo podía fabricar uno solo.

Así comenzó una nueva etapa artesanal. Reemplazó el plástico por madera, cartón, goma eva y otros materiales que pudiera trabajar con sus propias manos.

Hizo pruebas, redujo el tamaño y buscó proveedores. Incluso intentó fabricar las cajas en madera, pero rápidamente descubrió que el trabajo demandaba demasiado esfuerzo.

Entonces llegó hasta una fábrica de cajas de Quilmes.

Tenía dudas sobre cuánto podía costarle una producción industrial. No disponía de un gran capital y temía que los costos volvieran a poner el proyecto en pausa.

Pero esta vez apareció una oportunidad.

La empresa aceptó hacer una excepción y producir 500 cajas.

El diseño quedó en manos de sus nietas. Cuando las cajas llegaron finalmente a su casa, Aníbal grabó un video.

Después de un cuarto de siglo, el juego que había imaginado en 2001 tenía por primera vez una caja propia.

“Ese fue el primer sueño que cumplí”, cuenta.

La familia convirtió el invento en una historia para las redes

A esta altura, “La Maratón del Cangrejo” ya no es solamente el proyecto de Aníbal.

Su familia participa activamente. Su nieta Natalia trabajó en el diseño de la caja y de la ruleta. Antonella comenzó a ayudarlo con las redes sociales, un terreno que él reconoce no manejar.

Pero fue Natalia quien encontró una nueva manera de mostrar el trabajo de su abuelo.

Le creó una cuenta de TikTok llamada “El abuelo inventor” y empezó a contar su historia, mostrar sus inventos y presentar “La Maratón del Cangrejo”.

La respuesta sorprendió a la familia.

Los videos comenzaron a circular y aparecieron personas interesadas en comprar el juego.

Después de décadas de buscar una forma de producirlo, de calcular costos, buscar proveedores y encontrarse con la falta de capital, Aníbal comenzó a recibir del otro lado de la pantalla algo que durante mucho tiempo había buscado: personas interesadas en aquello que había creado.

La fórmula tuvo algo de inesperado. Aníbal tenía el invento y su nieta encontró la manera de mostrarlo.

Un sueño que también tiene nombre de familia

Entre las cajas, las piezas y las conversaciones familiares aparece otra parte de la historia.

Aníbal habla de su esposa y de todo lo que compartieron durante 55 años. Ella estuvo cuando había que trabajar, criar a los hijos, atender los comercios y acompañar las ideas que muchas veces no funcionaron.

Por eso, cuando habla del futuro del juego, también piensa en ella.

A los 77 años sabe que el tiempo es una dimensión distinta. Y quiere que aquello que finalmente consiguió construir también pueda significar una tranquilidad para la mujer que lo acompañó durante toda su vida.

Quizás por eso “La Maratón del Cangrejo” representa algo más que un juego de mesa.

Es la historia de un hombre que empezó a trabajar siendo niño, que atravesó proyectos fallidos, que perdió dinero, que recibió negativas y que durante 25 años mantuvo guardada una idea.

También es la historia de una familia que decidió acompañarlo y de una generación más joven que encontró en las redes sociales una vidriera para aquello que durante décadas había permanecido dentro de una casa.

Sobre la mesa están las 500 cajas.

Y adentro, un juego en el que para llegar a la meta no siempre hay que avanzar: a veces también hay que retroceder.

Aníbal tardó 25 años en fabricar el suyo.

Quizás por eso conoce mejor que nadie las reglas.

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