El programa Mi Primer Carnet avanza en San Luis con una nueva etapa clave: las tutorías presenciales. En este tramo, el foco está puesto en fortalecer la formación teórica de los estudiantes que buscan obtener su primera licencia de conducir.
En un contexto donde la educación vial se vuelve cada vez más urgente, Mi Primer Carnet aparece como una herramienta concreta para formar conductores responsables desde el inicio. La iniciativa, impulsada por la Dirección de Seguridad Vial, ya cuenta con 2.215 inscriptos en toda la provincia.
Ahora bien, esta segunda etapa no llega sola. Las tutorías presenciales se desarrollan en simultáneo con el curso nacional de Seguridad Vial Digital, que todos los participantes deben completar. De esta manera, el programa combina tecnología, acompañamiento y formación directa.
Además, según explicó el director de Seguridad Vial, Alejandro Lara, el objetivo es claro: que los estudiantes no solo aprueben un examen, sino que comprendan la importancia de la seguridad vial en la vida cotidiana.
Por otro lado, las tutorías están pensadas estratégicamente para no interferir con la jornada escolar. Se dictan en horarios como recreos o espacios disponibles dentro de las instituciones educativas. Esto permite una mayor participación sin afectar el ritmo académico.
En paralelo, desde el área de Capacitación y Extensión Educativa, remarcaron que estas instancias también sirven para despejar dudas. Y no son pocas. Muchos estudiantes, por ejemplo, desconocían pasos administrativos clave, como el envío de certificados una vez finalizado el curso digital.
En ese sentido, Mi Primer Carnet no solo forma, sino que ordena. Explica procesos, marca tiempos y evita errores que podrían retrasar la obtención de la licencia.
A medida que avanzan las tutorías, también se detectan falencias. Por eso, los equipos realizan evaluaciones nivelatorias para medir cuánto contenido fue realmente incorporado. Cuando aparecen dificultades, se refuerzan los conceptos.
Este seguimiento marca una diferencia. Porque no se trata de un curso más, sino de una política pública con impacto directo en la seguridad vial.
Otro punto clave es la claridad sobre las etapas del programa. Algunos estudiantes, según indicaron desde la organización, intentaban avanzar directamente a los centros de emisión sin completar todo el proceso. Sin embargo, el programa tiene una duración anual y exige cumplir cada fase.
En cuanto a las categorías de licencias, el esquema también está definido. Los jóvenes de 16 años pueden acceder a motos de baja cilindrada, mientras que a los 17 ya pueden optar por vehículos más grandes o autos. Es decir, hay una progresión pensada según la edad y la responsabilidad.
Además, el programa incluye a jóvenes de hasta 20 años que cursan en escuelas de adultos, ampliando así el alcance de la política.
Por último, desde el Gobierno provincial remarcaron la importancia del acompañamiento. Para consultas, los estudiantes cuentan con canales directos como correo electrónico, web oficial y atención telefónica durante toda la jornada.
En definitiva, Mi Primer Carnet no es solo un trámite. Es una formación integral que busca cambiar la forma en que los jóvenes se relacionan con la conducción.
Y en un escenario donde los accidentes de tránsito siguen siendo una preocupación, apostar a la educación vial no es una opción: es una necesidad.

